jueves, 10 de enero de 2008

Los 'pata negra' y el olor "nauseabundo"

Pues resulta que en Málaga tenemos nueva Ciudad de la Justicia. Dicen los que la han diseñado que es un edificio funcional y práctico en el que se aprovecha toda la superficie disponible. Ha costa 78 millones de euros y cada día acoge a unas 4.000 personas entre funcionarios y usuarios. Entre esas personas están los cadáveres, ¡si! los que están en el Instituto de Medicina Legal a la espera de autopsias. Pues bien resulta que estos individuos, como es lógico, desprenden un intenso olor que los propios funcionarios de otros juzgados califican de "nauseabundo". Y es que el hedor se ha extendido, no se sabe muy bien como, por todo el edificio, especialmente por las dependencias anexas al Instituto de Medicina Legal.

Ahora están haciendo pruebas para ver cual es el problema. La Junta de Andalucía dice que estas pruebas se realizaron en su momento, mientras que los sindicatos directamente no se lo creen y lamentan que para que se descubran estos defectos haya tenido que entrar un "pata negra" (cadáver en avanzado estado de descomposición).

Pero el problema de fondo es otro. Y vincula de nuevo a Málaga con la palabra chapuza. A falta de conocer si el problema es circunstancial o resultado de un mal proyecto parece que esta provincia se ha conjugado para que toda gran obra lleve en el epígrafe la palabra ridículo. Esta noticia ha salido en medios nacionales, al igual que salió en su día que un Palacio de Deportes de 8.500 espectadores ya era pequeño cuando se inauguró y encima tenía grietas por lo que hubo que cerrarlo a los pocos días. En definitiva, se repite una historia que no es nueva.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, le escribo desde Minnesota, soy vecina de Brendan y Brandon que han vuelto de Bervely Hills... Sólo quería decirle que hasta aquí ha llegado el olor a muerto...

Anónimo dijo...

No entiendo para qué hacen las cosas nuevas sin pensar en todas las posibilidades. A veces nos olvidamos de que no sólo hay que valorar las opiniones de los técnicos, sino las de aquellos oficinistas o trabajadores que cada día lidian con unos problemas y que son los que mejor pueden aconsejarnos cómo hacer las cosas bien.